La economía mundial ha estado tradicionalmente dominada por los países del norte, pero el siglo 21 trajo consigo un cambio de paradigma económico internacional encabezados por china. Los países en desarrollo han dejado de estar en la periferia para situarse en el centro del tablero, los países que participan en este cambio global a través de unos modelos macroeconómicos muy orientados a la exportación que son países en los cuales la actividad económica local está muy gobernada o dominada por  procesos dedicados a producir bienes y servicios que luego se exportan.

Hoy en día acapara el 12% del pib mundial y se ha convertido en el mayor exportador de productos manufacturados y uno de los principales importadores de agricultura y minería. Corea, hong kong, malasia o indonesia también han dado un salto cualitativo en los últimos años y han fortalecido sus conexiones regionales y a la vez multiplicado sus lazos con el mundo financiero internacional.



Latinoamérica que en 1980 tenía unos vínculos comerciales similares a los asiáticos, hoy en día sigue dependiendo comercialmente del norte y no ha logrado todavía crear alianzas regionales tan potentes y competitivas como las de asia. Muestra de esto es que brasil es el único país latinoamericano que puede hacer sombra a los gigantes asiáticos. América latina no parece haberse movido hacia las zonas más interesantes en donde hay más  aprendizaje, más tecnología, más inversión, más acercamiento a los desarrollos.



Este nuevo panorama internacional hace que latinoamérica tenga que repensar su agenda de crecimiento en un nuevo mundo con diferentes polos de poder económico y esta nueva agenda pasará necesariamente por diversificar las economías de la región para que no dependan excesivamente de sus recursos naturales y para que se integren mejor en las cadenas globales de valor. Para ello será imprescindible dar un valor agregado a sus materias primas y también atraer inversión extranjera. Latinoamerica afronta esta nueva etapa sin los vientos a favor de la economía global, pero tiene por delante un reto esperanzador competir con las economías avanzadas para convertirse en un actor relevante en el panorama económico y político internacional y con ello contribuir a mejorar la vida de millones de latinoamericanos.

 



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